Un socio de la junta realizó hace poco tiempo unas acusaciones sobre el comportamiento de la junta y de alguna persona en particular.
Sinceramente creo que esta persona pecó de ingenuo. Primero porque pensó que “hablando se entiende la gente” pero eso solo pasa si hay voluntad de entenderse y no hay voluntad de imponerse. Y esto no pasa en la Euskal Etxea, no hay voluntad de dialogo.
Y segundo porque pensó que si hay actitudes de prepotencia y abuso no son de una persona sino que pienso que todo el mundo lo sabe y todo el mundo esta implicado.
A mi las acusaciones que se hicieron me son indiferentes. La verdad es que las recuerdo vagamente porque no les presto mucha atención y por mi parte no es lo más grave.
Creo que el socio juntero que realizó abiertamente las acusaciones se le tiene que reconocer valentía, honradez y, si acaso, ingenuidad.
Y digo esto porque se ha armado un revuelo que ha llegado hasta a insultos, mensajes de presión,… que entraré más adelante.
Lo que yo me pregunto es que si alguien me dice que he mentido, que he robado, que… si no es verdad:
¿Por qué me tengo que enfadar?
¿Por qué me molesto tanto?
¿Qué es lo que me duele?
¿Qué tengo que esconder?
Cuando alguien me acusa sin fundamento lo único que puedo decir es que lo demuestre o que hablemos para clarificarlo.
Pero si me enfado porque sí… ¿Qué estoy ocultando?
Ya para empezar, frases de la junta con chulería y prepotencia demostraban falta de dialogo y falta de querer hablar de nada.
Están dolidos y por algo será. Que se lo miren pero que no molesten mucho.
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